
El 22 de septiembre de 2025, el ataque perpetrado por Lex Ashton Cañedo López en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Sur de la UNAM dejó como saldo un estudiante fallecido y un herido. Según el registro en Wikipedia, el agresor planeaba atacar a seis personas y luego cometer suicidio.
Este acto extremo generó inmediatamente preguntas: ¿qué impulsó a un joven de 19 años a perpetrar semejante violencia? En México, como en otros países, después de sucesos así se buscan explicaciones psicológicas, estructurales y sociales. Y entre las pistas que se han hecho públicas, algunas apuntan hacia elementos relacionados con su salud mental.
Pero conviene advertir desde el inicio: lo que se sabe es parcial, muy reciente, y sometido a evaluaciones médicas y legales. No estamos ante un diagnóstico definitivo, sino ante fragmentos de evaluaciones que podrían acercarnos a comprender mejor los signos que preceden a actos extremos.
Según un artículo de Milenio, la evaluación médica de Lex Ashton, llevada a cabo por la psiquiatra Gabriela Gollás Zamora, identificó que presentaba “un episodio depresivo grave sin síntomas psicóticos” y un diagnóstico de distimia, que es un trastorno depresivo persistente.
La distimia (o trastorno depresivo persistente) se caracteriza por síntomas depresivos moderados que se mantienen durante largos periodos, muchas veces con fluctuaciones, pero sin llegar a la severidad del episodio depresivo mayor crónico. En menores, esa duración puede variar, pero la idea es que hay un malestar emocional constante.
En la misma valoración se detectaron rasgos visibles como bradilalia (lentitud del habla) y bradipsiquia (lentitud del pensamiento). Estos signos suelen reflejar ralentización cognitiva, dificultad para articular ideas con agilidad o lentitud para reaccionar.
Además, el informe sugirió la posibilidad de un trastorno de personalidad antisocial (TPA) o sociopatía, dado que hay indicadores de patrones duraderos de vulneración de derechos, agresión o indiferencia hacia otros, presentes desde edades tempranas.
Es relevante subrayar que no se han reportado síntomas psicóticos: no hay evidencia pública de alucinaciones, delirios u otros fenómenos que impliquen pérdida de contacto con la realidad.
Los registros apuntan a que su padre se alejó de la familia cuando Lex tenía siete años, y fue diagnosticado con trastorno bipolar. Se menciona también que su hermana ha padecido depresión.
Tener familiares con trastornos del ánimo puede aumentar los factores de vulnerabilidad, aunque no determina un destino inevitable. Además, el abandono parental o relaciones inestables en la infancia suelen estar entre los factores de riesgo en salud mental.
Según la misma fuente, Lex habría sido víctima de acoso escolar (bullying) a lo largo de su trayectoria educativa. Esa vivencia de marginación o agresión constante puede dejar cicatrices emocionales profundas, amplificando la sensación de aislamiento, ira o deseo de ejercer control extremo.
También se reporta que en 2021, ya siendo adolescente, intentó quitarse la vida. Ese antecedente es una señal clara de que llevaba una carga emocional grave desde años atrás.
Otro hecho relevante: en 2024 fue diagnosticado con litiasis renal (cálculos en las vías urinarias), lo cual habría empeorado su estado emocional al sumar dolor físico a un contexto mental ya saturado.
Aunque estos elementos aportan indicadores, no deben confundirse con certezas clínicas. Algunas advertencias clave:
La bradilalia se refiere a una lentitud notable en el habla, con pausas excesivas, titubeos, dificultad para articular, omisión de palabras. En la evaluación reportada, la especialista describió su discurso como coherente pero con “ligera bradilalia”.
Ese rasgo puede asociarse a fatiga mental, depresión o deterioro cognitivo. También es observado en trastornos del ánimo en estados crónicos.
La bradipsiquia implica ralentización del pensamiento, dificultad para responder rápido, pensar con fluidez, procesar ideas en tiempo real. La evaluación indica que Lex presentaba este síntoma visible: “su pensamiento sigue línea directriz… presenta ligera bradipsiquia”.
Cuando alguien combina bradilalia y bradipsiquia, el discurso puede sentirse lento, cargado y con vestigios de desconexión con el entorno. En un contexto de agresión, eso puede manifestarse como dificultad para modular impulsos o responder con tono emocional adecuado.
Otro hallazgo fue el afecto aplanado: poca expresión emocional visible, dificultad para manifestar matices afectivos o empatía visible. También se reportó “pobre resonancia afectiva”, es decir, poca reactividad emocional ante estímulos afectivos.
Ese tipo de perfil es compatible con rasgos de personalidad antisocial, donde las emociones pueden estar apagadas o desvinculadas del actuar interpersonal. Pero no necesariamente significa que el individuo no siente: puede indicar barreras internas para expresar o conectar.
Más allá del diagnóstico, es importante preguntarse: ¿qué procesos psicológicos y emocionales podrían haber llevado a Lex Ashton a planear un ataque a seis personas? Algunas hipótesis razonables a partir de las pistas conocidas:
Sin embargo, todas estas motivaciones deben explorarse mediante evaluaciones completas, porque en muchos casos conviven múltiples factores (ambientales, biológicos, culturales).
No todo agresor tiene enfermedad mental, y no todas las personas con enfermedad mental son agresoras. Vincular violencia con salud mental sin matices alimenta estigmas y prejuicios.
Estos indicios deben llevar a solicitar evaluaciones psiquiátricas forenses, planes de contención, seguimiento psicológico y terapéutico especializado. En casos de riesgo, debe considerarse tratamiento, hospitalización voluntaria o forzada según normativa local.
Si alguien en tu entorno muestra señales persistentes de aislamiento, rabia profunda o discurso que glorifica la violencia, es importante buscar ayuda profesional: terapeutas y psicólogos online de SELIA es un recurso accesible.
Este tipo de casos refuerzan la necesidad de programas estructurados de salud mental en escuelas, comunidades y redes digitales. Los programas de salud mental de SELIA pueden ofrecer monitoreo, talleres, espacios de contención emocional y prevención de crisis.
Las pistas disponibles sobre Lex Ashton nos permiten bosquejar un perfil con múltiples elementos: depresión persistente, señales de lentitud cognitiva, posibles rasgos antisociales, historia de bullying y entorno familiar fracturado. Ningún diagnóstico garantiza un acto violento, pero juntos describen un mapa de alto riesgo psicológico que debió ser intervenido antes de que la historia se saliera de control.
Este caso nos obliga como sociedad a mirar no solo hacia el autor del crimen, sino hacia quienes tal vez debieron verlo venir: familiares, escuelas, profesionales de salud mental, comunidades digitales.
La salud mental no es asunto privado: cuando hay señales oscuras de violencia latente, es un asunto de responsabilidad colectiva. Ni el silencio ni la negación deben prevalecer.
1. ¿Los diagnósticos preliminares garantizan culpabilidad o eximen responsabilidad?
No. Son evidencias médicas que deben considerarse junto con la investigación legal. No justifican violencia, pero pueden ayudar a entender mecanismos internos.
2. ¿Todas las personas con depresión grave o distimia representan un riesgo de violencia?
No. La mayoría nunca comete actos violentos. La violencia extrema surge de múltiples factores combinados, no de una sola condición mental.
3. ¿Qué hacer si conozco a alguien con señales similares (aislamiento, ideación violenta)?
No esperar. Dialogar con calma, escuchar sin juzgar, buscar ayuda terapéutica o institucional, eliminar armas accesibles y acompañar activamente el proceso de contención.
En Selia te acompañamos con herramientas y ejercicios para cuidar tu bienestar emocional.
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